lunes, 10 de julio de 2017

Adicciones

Vino el temporal y destrozó lo construido,
con las vigas agrietadas, con los cimientos hundidos.
El terciopelo que quedaba, con el tiempo se deshizo,
las cortinas, ya manchadas, los espejos, ya heridos.

Vino el temporal y me encontró desprevenido,
todavía lo intentaba, aún no me había rendido.
Los muebles galopaban y el cielo, ensombrecido,
parecía que anunciaba que ya nos había vencido.

No quise romperme, no estaba permitido,
pero la vida ganaba, y yo ya había perdido.
Todo se derrumbaba, tú ya te habías ido.
Al menos, pensaba, algo habíamos aprendido.

Llegó el mar y se llevó hasta lo prohibido,
con sus brazos, estiraba, arrastraba mi destino,
hacia dentro, me ahogaba, perdiendo el camino
de vuelta a alguna playa, donde, convencido,
me pudiera empecinar en dejar otro trocito
de mis sueños, borrando el rastro que seguimos
y así perderte de vista, de mis miedos y caprichos,
y yo perderme en esta vida de olores, de ritmos,
que a veces se me olvida que no vives conmigo,
que a veces se me olvida que estar solo es mi castigo,
que a veces se me olvida que ya nunca nada olvido.

Vino el temporal y comprendí lo sucedido,
nunca supe construir nada, todo lo contamino,
no me queda corazón para seguir el recorrido
que me marca el abandono, que me deja en el vacío.

Volaría hasta no saber volver si supiera volar,
gritaría hasta perder la voz si me fueras a escuchar,
huiría de este agujero si te consiguiera encontrar,
me arrancaría las entrañas si eso pudiera ayudar
a deshacer todo el daño, a desligar todos los nudos
a devolvernos Barcelona, a dejarnos en este mundo
de mierda, que me rompe día a día, que me quema,
que me retuerce, que juega, que me hace llorar,
que me merma, que me asfixia, que me odia,
que me roba, que me aprieta, que me aplasta
y me revienta.

Que apesta.

Que nos infecta.

Esta mierda de mundo, que aún es bello,
si estamos juntos.

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