martes, 16 de mayo de 2017

Vuela

    A mi alrededor, paredes negras. Otra vez me encuentro sentado en el centro de esta habitación sin ventanas, respirando con dificultad por el ambiente denso, cálido y cargado. Las piernas tiritando, los músculos entumecidos. La mente perdida, aletargada, atravesando el tiempo en todas las direcciones imaginables, de la forma más contraproducente.
    Otra vez me rodean mis demonios, me empequeñecen, me tratan de convencer de la insignificancia de mi persona, de mi escaso valor, me recuerdan las consecuencias de las malas decisiones que han resultado en esta vida desencajada, como averiada, diferente a todo lo esperado. Me muestran los caminos que pude haber recorrido, si hubiera contado con astucia, valor, si hubiera pensado en las consecuencias. Me torturan.
    Pero mi mente reacciona durante un breve momento lúcido, atraviesa los barrotes, escala el aire, rompe el techo y araña el cielo. Respira. Vuela. A veces, se resiste a volver a mi cuerpo. Pero no tiene elección, al menos, de momento. Mientras este pequeño mundo nos resulte tan inmenso.