domingo, 30 de abril de 2017

Casualidad

No nacimos aquí para disfrutar.
No nos pusieron aquí para sufrir.
No nos observan desde los cielos.

Tú y yo somos una casualidad intentando sobrevivir como individuos en un mundo sin alma, un pedazo de tierra flotante que no se preocupa por nuestro bienestar. Somos huéspedes sin posibilidad de escapar. En este lugar se dieron las condiciones óptimas para el origen y la propagación de nuestra especie, nada más. No, el planeta no tiene conciencia. No, el universo no registra tus buenos actos y te los devuelve. Son ideas inculcadas en nosotros, escuchadas de mil formas distintas a lo largo de nuestra vida, almacenadas en estratos profundos de nuestra mente. Estamos deseando que alguien nos confirme que todo lo que sufrimos vale para algo, que todo es un camino para llegar a nuestro objetivo, la felicidad, que somos especiales, que el sentido de la vida es cumplir nuestros sueños. Que todo esto tendrá una recompensa. Como si no hubiera control de masas.

Por eso, cuando crecemos, nos sentimos mal por el daño que hemos causado.
Por eso, cuando crece nuestra experiencia, nuestro corazón es más pequeño.
Por eso nada duele como el primer amor.
Por eso nada nos vuelve a llenar el espíritu igual.
Porque ya no confiamos en la gente.
Ya no confiamos en este mundo.
Ya no somos especiales.
No queremos arriesgarnos.
No queremos sufrir más.
No podemos sentir igual.

Porque ya sabemos que no hay recompensa.