martes, 6 de diciembre de 2016

Fuera de lugar

A veces me descubro a mí mismo planteándome en qué se basa mi vida. Para mi sorpresa, la respuesta es siempre clara: la farsa, la mentira. El Yo interior es, en mi caso, radicalmente contrario a la imagen que llevo toda la vida proyectando de mí mismo. En más de una ocasión he sentido que la era en la que vivo no es para mí. Las luces, los letreros, la gran masa de gente yendo y viniendo con sus problemas y sus quehaceres. Actúo fingiendo normalidad, haciendo parecer que lo tengo todo controlado. Sé manejar el humor y la ironía, sé escuchar y consolar, pero nunca he estado a gusto manteniendo ninguna conversación, nunca he estado tranquilo con ninguna persona cerca de mí, nunca he sentido que algo fuera un problema real que debiera inquietarme, ni una alegría que debiera conmoverme o ilusionarme. Nunca he sentido que esta sociedad fuera donde debo estar.

Mi vida ahora mismo (y desde siempre) me ha obligado a interactuar con esta sociedad, en este contexto. Siempre se me formó directa e indirectamente para que fuera un miembro más de este gran conjunto. Pero al margen de ideales y pensamientos románticos o bohemios, me siento completamente desubicado. No sé cuál será mi sitio, ni siquiera si existe, pero me siento encarrilado, guiado previamente, atrapado por la convencionalidad. No quiero una vida cómoda. No quiero una vida fácil. Quiero una vida que me llene y en la que pueda ser Yo, sin pensar, sin actuar, sin miedos. Y a veces me parece estar tan aislado emocionalmente de todo que me come la soledad, me hunde el no poder hablar de esto con nadie, porque nadie parece entenderlo realmente. Porque nunca me siento cómodo con nadie. ¿Es esta la vida que he de aceptar?