martes, 12 de noviembre de 2013

Carta cerrada

No quiero que trates de atravesar mis fronteras, ni que mañana vuelvas a estar cerca.
No quiero que seas ceniza en mi regazo, ni polvo que cae de las solapas de las cajas donde te guardo.
No quiero que pienses que algún día cambiaré para ti, ni tampoco que no puedo cambiar.
No quiero apagar el cigarrillo de media mañana porque me recuerde a tu sabor cuando te enfadas.
No quiero medios besos, ni vivir en una nube que se caiga por su propio peso.
No quiero mañanas frías, ni una llama que se apague si le falta el aire.
No quiero acabar con un whisky con hielo en la mano, recordando mientras trato de olvidar.
No quiero quemarme los dedos fumando, ni dejar que se enfríen demasiado.
No quiero estar siempre borracho, ni intentar entender el mundo sin estarlo.
No quiero vivir tirado en un bar, vomitando en el baño deseando estar en otro lugar.
No quiero que mis manos se vuelvan harapos por cortar el aire borrando tu rastro.
No quiero que leas lo que escribo, ni dejar de escribir para ti.
No quiero tenerte tan cerca, ni tampoco que te alejes ni un paso.
No quiero ser tu problema ni puedo soltarte la mano.
No quiero acordarme del futuro que aún no ha llegado ni que arraigue en mí el pasado.
No quiero echar raíces en este tejado, ni quiero vivir ahí abajo.
No quiero soñar sin realizar, no quiero respirar sin sentir que estoy vivo.
No quiero una lista de "no quiero", ni esperar un "te quiero".
No quiero guiños fingidos, ni sexo almizclado que deje un vacío.
No quiero el desprecio de por la mañana, ni perderme tu aliento de madrugada.
No quiero nada sin ti, ni tampoco llorar contigo.
No quiero bajar de tu rostro ni quiero subir de tu ombligo.
No quiero buscarte y aún así no lo evito.

No quiero pensarte, y no obstante te pienso.
No quiero pensarte, pero sueño contigo.