martes, 28 de mayo de 2013

IIII

Ya va siendo hora de añadirte a la lista de ilusiones que no me han llevado a nada. Pasarás a engrosar el recuento con todos esos sueños que nunca llegarán. Con esas pocas personas que alguna vez me hicieron pensar que se quedarían para siempre. Y te echaré de menos, pero es un trago obligado. Uno detrás de otro, hasta terminar borracho de malos ratos y putadas, con el hígado reventado desde dentro y la piel hecha jirones de revolcarme por el suelo.

viernes, 24 de mayo de 2013

Respira hondo y sigue adelante



Son días de despedidas, de mostrar fortaleza y combatir las debilidades. La vida no deja de enseñarnos a tomar decisiones duras, a acostumbrarnos al dolor, pero no es tan simple. Incluso cuando crees que ya lo has vivido todo, que nada te puede afectar, acabas dándote cuenta de que eres tan frágil y débil como el resto. También llegas a cansarte de hacerte el fuerte, de ser el tipo duro. Todos necesitamos un respiro, todos necesitamos una oportunidad. Todos buscamos lo mismo: conseguir lo que deseamos. Pero cada uno pone un precio. 

Hay cosas que no estoy dispuesto a permitir, hay otras que no puedo perdonar. Existen momentos que no puedo consentir que se prolonguen, palabras que se repiten en mi mente y me arrancan poco a poco la vida, ya sea porque son demasiado buenas como para haberse quedado en palabras, ya sea porque nunca se han pronunciado. Hay voces y gestos que echo demasiado de menos y nunca volverán. Recuerdos que estaría dispuesto a borrar por volver a vivirlos. 

Porque, a veces, lo que crees indestructible, no es más que una hoja de papel. Lo que crees que nunca faltará desaparece sin más. Y uno se cansa de querer olvidar y no poder, de querer cerrarse y no poder, de perder siempre. ¿Para qué me tiene que ocurrir nada bueno si acaba por irse al garete?

Pero yo soy un luchador, me guste o no. No puedo quedarme de brazos cruzados mientras lo que me importa se aleja o se resquebraja. Y delante de ti me haré el fuerte todas las veces que haga falta para que no pienses ni por un momento que voy a dejar que algo me destroce. Hasta que yo mismo me acabe convenciendo. Hay demasiados momentos que aún no han llegado y no voy a permitir que no lleguen. Hay demasiado que no pienso dejar marchar.

sábado, 18 de mayo de 2013

Me siento pequeño e insignificante cuando la vida me da una lección como esta, desmontándome tan rápida y eficazmente. Las manecillas del reloj se mueven como martillos contra mi cráneo. Sólo unos minutos bastan para cambiar lo que soy, lo que siento, lo que pienso y lo que voy a hacer, para alterar todo lo relativo a mí, toda mi estructura, como si fuera papel ante un tornado. Ante este poder entiendo que los problemas pierden su magnitud, y, como yo, se convierten en hormigas bajo el pie de la naturaleza, de la eterna purga del tiempo, del suceso aleatorio, del infinito ir y venir de almas. Y de pronto soy un saco de huesos y músculos esperando a que me sea arrebatado todo, incluso mi propio yo. Y dejo de ser distinto para estar hecho del mismo barro que los demás. Y dejo de ser invencible, y dejo de ser intocable.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Siempre llegamos al mismo final, no sé por qué me pregunto si te estarás cansando de todo esto. Ellos cuentan las horas muertas que paso observándote, cuidando el pasado y cada detalle, recorriendo las mismas estancias, escaleras arriba y abajo. Me explican que está todo perdido, que tengo el cerebro carcomido de tantos días aguardar. Creen que no soy lo suficientemente astuto como para darme cuenta de que ya no diferencio entre la realidad de lo que eres y la idea que quiero mantener sobre ti. Pero todo lo que dicen queda fuera de mí, todo es ruido. Todo lo que ocurre a mi alrededor es ruido, y sólo entiendo lo poco que me dices. Todos los lugares que piso son enormes ceniceros que lleno con lo que voy dejando morir. Todo lo que siento es que el mundo me lleva a empujones porque no tengo ganas de sentir más, porque no tengo otra voluntad que observar mis cicatrices, lo que me queda de ti. Y cerrar los bares, beberme el mundo para olvidar por unas horas que estoy en tus redes, que esto nunca acabará bien, que estás acabando conmigo sin darte ni cuenta. Me enclaustro en una cama a acordarme de que no existes. A sentirme loco y desquiciado, a trepar las sábanas insultándome porque no estás. Nunca has estado, pero todo está empapado de ti. Intento poner un punto final y sólo son puntos suspensivos, algo que... Nunca acaba. Y no hay mente que lo comprenda, ni nadie que me saque de aquí, ni nada para mí. Ni siquiera yo. Y aun así, me fascinas. Tanto que no puedo dejar de destruirme para ti.

viernes, 10 de mayo de 2013

Sin retorno

A veces hay que tomar decisiones duras desoyendo tus propios deseos. Es francamente difícil vivir el día a día cuando tienes la mente en otra parte, más difícil todavía luchar contra uno mismo, contra tus impulsos y necesidades. He probado finalmente la frialdad autoinflingida como terapia. He magnificado la razón, desprestigiando las emociones. He cortado lazos, tantos como he podido, con tantas personas como golpes recibí. Y aquí estoy, solo, fingiendo no estarlo, convenciéndome de que no añoro nada, repitiéndome que no necesito a nadie. Cada vez más pequeño, más inseguro, más cabreado y desolado. Preguntándome si fue mala suerte llegar hasta aquí o si realmente me equivoqué. Cuestionándome si acaso no debí luchar mucho más en lugar de confiar en un destino en el que nunca he creído. Ciego, sin salida. Sin retorno. ¿Cuándo encontraré la vida que me pertenece? ¿Seguiré siendo una máquina que come, trabaja y descansa? O sólo una pequeña parte de lo que un día fui, un estigma en tus recuerdos, un recuerdo que te hiere, una herida que mengua, mengua, mengua... Hasta no provocarte ningún daño. Hasta dejar de ser.