martes, 12 de noviembre de 2013

Carta cerrada

No quiero que trates de atravesar mis fronteras, ni que mañana vuelvas a estar cerca.
No quiero que seas ceniza en mi regazo, ni polvo que cae de las solapas de las cajas donde te guardo.
No quiero que pienses que algún día cambiaré para ti, ni tampoco que no puedo cambiar.
No quiero apagar el cigarrillo de media mañana porque me recuerde a tu sabor cuando te enfadas.
No quiero medios besos, ni vivir en una nube que se caiga por su propio peso.
No quiero mañanas frías, ni una llama que se apague si le falta el aire.
No quiero acabar con un whisky con hielo en la mano, recordando mientras trato de olvidar.
No quiero quemarme los dedos fumando, ni dejar que se enfríen demasiado.
No quiero estar siempre borracho, ni intentar entender el mundo sin estarlo.
No quiero vivir tirado en un bar, vomitando en el baño deseando estar en otro lugar.
No quiero que mis manos se vuelvan harapos por cortar el aire borrando tu rastro.
No quiero que leas lo que escribo, ni dejar de escribir para ti.
No quiero tenerte tan cerca, ni tampoco que te alejes ni un paso.
No quiero ser tu problema ni puedo soltarte la mano.
No quiero acordarme del futuro que aún no ha llegado ni que arraigue en mí el pasado.
No quiero echar raíces en este tejado, ni quiero vivir ahí abajo.
No quiero soñar sin realizar, no quiero respirar sin sentir que estoy vivo.
No quiero una lista de "no quiero", ni esperar un "te quiero".
No quiero guiños fingidos, ni sexo almizclado que deje un vacío.
No quiero el desprecio de por la mañana, ni perderme tu aliento de madrugada.
No quiero nada sin ti, ni tampoco llorar contigo.
No quiero bajar de tu rostro ni quiero subir de tu ombligo.
No quiero buscarte y aún así no lo evito.

No quiero pensarte, y no obstante te pienso.
No quiero pensarte, pero sueño contigo.

martes, 29 de octubre de 2013

.87-3/n.

Cada noche, mientras su nueva familia dormía, sacaba el viejo libro de su padre de entre las ásperas y raídas mantas, cuidando cada movimiento para no despertar a ninguno de los que compartían aquel lecho de pulgas con él. A la luz de las tres cerillas que cada día desaparecían de la mesa de su amo, paseaba sus dedos retorcidos y deformes por las páginas amarillentas, dibujando las desgastadas palabras que no comprendía, intentando recordar que alguna vez supo leer. Bordeaba también cada detalle de las ilustraciones, especialmente su favorita, la de aquel oso erguido sobre sus dos patas traseras, observando el río crecer desde un montículo bajo la lluvia. La recorría con los ojos brillantes hasta que el último rescoldo de la última cerilla se apagaba al quemar su piel. Entonces siempre recordaba el dolor que sintió cuando le impusieron el ya tradicional castigo popular, cuando le quebraron uno a uno cada dedo de la mano haciéndolos girar más allá de su capacidad, por haberle sorprendido robándole a un tendero local. Hilando recuerdos, trataba de evocar el rostro de su padre, pero sólo quedaba su voz regresando día a día a su mente, explicándole cómo era su madre, cómo atarse los cordones, cómo iba a ser su vida. Pero todo cambió, olvidó cómo leer para aprender a remendar la ropa vieja una y otra vez, olvidó su rostro para aprender dónde esconderse, se olvidó de que alguna vez tuvo un hermano. Y, por un tiempo, funcionó, y al menos no tenía que rendirle cuentas a nadie más que a su estómago. " Aquello no estaba tan mal", solía pensar cuando recibía los azotes justicieros de su amo sobre la curtida espalda. Y, sin darse cuenta, ponía aquella enigmática sonrisa por la cual le recordarían muchos años después de su inusual muerte.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Secretos

Tardó unas horas en salir de su letargo. Con un profundo suspiro proclamó el luto en la casa.
Corrió las cortinas de todas las habitaciones y cerró con llave cada una de las tres puertas que comunicaban con el exterior. Prohibió la música, la televisión, los acostumbrados bailes, las discusiones, las risas, los gritos, correr por los pasillos... El bullicio en general.
Susurrando exigió a cada miembro de la familia que portara un brazalete oscuro que ella misma creó, con el antiguo sello de su apellido grabado en la superficie. Tejió sendas negras por las que hizo vagar a sus hermanos ciegos, a sus padres, a sus hijos e incluso a sus mascotas, haciéndoles olvidar el color de la tierra que habitaban, robándoles los recuerdos, envenenando sus mentes hasta hacerles creer que el universo se reducía a aquel hogar viejo y destartalado.

Y, enclaustrando a todo aquel que algún día miró a los ojos grises del viejo sabio, sólo así, sintió que el mundo podía continuar, como si nunca hubieran pasado por él, como si hubieran borrado ese espacio de la realidad. Sabiendo que nunca nadie contaría las historias que guardaba, que nadie sabría cómo enloqueció, que nadie recordaría cuándo desaparecieron.

domingo, 20 de octubre de 2013

Y es cuando sales a la calle, miras al cielo y te cortas las mejillas con los pedazos rotos de tu vida. A cada paso pisando todas tus aspiraciones, que ahora encharcan las aceras y sólo sirven para embarrarte los zapatos y recordarte que estás tan cerca del suelo como cualquiera. Y así reconoces por fin que la vida es sólo recorrer una espiral en la que cada vez estás más solo porque nadie va a hacer nada por ti, por mucho que tú hagas algo por los demás. Y dar, dar, dar pero nunca recibir es demasiado para cualquiera. Tanto como estar hasta el cuello de mierda y sólo ansiar poder seguir creyendo que hay alguien que vale la pena pero descubrir cada día que a nadie le importa nadie, por mucho que quiera pensar que sí. Al fin y al cabo, si todo el mundo se mira su propio ombligo, por algo será, quizá soy yo el que está equivocado y estaría mejor siendo un capullo arrogante. Y es que hasta el cielo se cae a pedazos desde que decidí hacer las cosas bien, ser consecuente con cada uno de mis actos, tener la conciencia limpia cada noche. No vale la pena perderlo todo por un ideal y cada vez tengo menos ganas de seguir con este tipo de vida. Así que, a partir de ahora, no voy a trabajar para nadie, no voy a sufrir por nadie, sólo voy a buscar la manera de escapar de este aparente callejón sin salida, de poder olvidarme de todo lo que ahora me hace despreciar cada día. Empezando por el origen.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Respiraré siendo consciente de que lo hago y romperé a gritos los muros de cristal que me impiden coger lo que es mío. Quiero sentirme vivo, para mí no es un juego al que puedo dejar de jugar en cualquier momento, ni puedo sentirme completo sin la pieza que me falta. No estoy dispuesto a conformarme con menos de lo que deseo. Nunca he sido uno de esos hombres aburridos con los pies en la tierra, siempre tendré un sueño por soñar. Y, si no me vas a seguir, no seas un lastre. No quiero que me digas lo que quiero oír, quiero que me digas qué vas a hacer, cuándo vas a luchar. Porque quiero cambiarlo todo, absolutamente todo, y quiero saber si hay algo que valga la pena conservar.

martes, 1 de octubre de 2013

Octubre

Y si ahora me paro a pensar en todo lo que aquella noche ocurrió, en cómo me sentiría yo si te viera en esa situación... Creo que entiendo un poco más todo lo que sucedió, tus palabras, tus gestos, tu fragilidad. Pero yo no hubiera tenido el valor de mostrarlo, o la cobardía de pedírtelo, directa o indirectamente. Y me gustaría tenerlos, para que vieras como yo aquel labio tembloroso y mordisqueado, los ojos brillantes, mojados, las palabras quebradas a gritos, como puños cerrados en el estómago.  Para que, como yo, entendieras y renunciaras a aquello que, sin aportar nada, destruye mi entereza y me llena de nubarrones el pecho y la cabeza. Para que, como yo, me demostraras que prefieres un sacrificio que la tristeza de quien no te pudo ver sufrir.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Working

Probaremos algo nuevo, convertir las obsesiones en algo positivo en lugar de intentar romperlas a patadas o escapar. Sacaré algo bueno de todo esto y conseguiré ser único yo también, para igualar las cosas. Me esforzaré, mejoraré y no tendré rival, ni miedos, ni sentiré dolor. Sólo una férrea voluntad de demostrarte hasta dónde soy capaz de llegar.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Pulling under


     Caía mecido por el abrazo del agua, con el suelo acercándose lentamente a él. Aun con los ojos cerrados, sabía que la sangre de sus manos seguía sin borrarse. Aunque no podía respirar, todavía podía oír los sollozos desgarradores que huían de aquella boca, ya tan lejos. Le resultaba agradable flotar, como en un sueño, sabiendo que era lo último que hacía. El dolor era sedante, un ladrón que se llevaba sus fuerzas por cada surco que le rompía la piel. Y, ensuciando el agua con su vida rota, acabó perdiendo las cadenas que le ataban a los cuentos que siempre recordaba, a los caminos que siempre recorría, a los lugares en los que, sin haber estado nunca, quería estar. A la voz que le llevó a la locura con promesas de magia y huellas en las sábanas, de trampas donde el deber no importaría, de cimas desde donde mirar el mundo. De una vida diferente.

      Y ella, observando el agua roja, cuchillo en mano, dejó de sollozar y se prometió que todo eso volvería, que alguien más sentiría el dolor que llevaba dentro y vería a través de sus ojos. Que alguien entendería lo que le mataba poco a poco… Si no era demasiado tarde. Si aún alguien se lo preguntaba...

martes, 24 de septiembre de 2013

No diré nada, no porque sea lo mejor... Eso me da igual. No diré nada para no enfrentarme a un problema que no puedo resolver, para seguir sintiéndome capaz de todo... Porque una vez mueva, ya no podré deshacer el gesto, quedaré expuesto y con la mano descubierta, la suerte echada y la vida comprometida, esperando que te equivoques y juegues con todo. Esperando que nuestras cartas no sean tan distintas.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Hay cosas imposibles, inalcanzables. Hay cosas irreales que sólo pueden existir en nuestra mente, utópicas, atípicas. Tú eres todo eso y por eso ya no duermo ni vivo, sólo imagino y sueño con los ojos como platos inventándote.

jueves, 22 de agosto de 2013

No quisiera irme sin decirte que aún me estoy acostumbrando a que el mundo se derrumbe. Alguna vez te expliqué a mi modo que me sobraba la vida, pero ahora no ansío nada más que vivir. Vivir, no existir, ni soñar despierto. Ni ser nunca más un niño. Ni siquiera dejarte volver a entrar. Sin rencores, pues nunca fui rencoroso, ni siento odio alguno. Sin despedidas ni explicaciones. El estruendo que acompaña al derribo de mi mundo es desagradable, tu interior ya está tan vacío que has olvidado lo que eres capaz de ser y de sentir. Prefieres dejar que el mundo te gobierne en lugar de desafiar a la inercia. ¿Quién eres? Ya no lo sé. Pero sé quién soy yo, sé de lo que soy capaz, y sé que tú también lo sabes.

martes, 13 de agosto de 2013

Construyendo errores

Siempre he sido de esas personas que dicen no arrepentirse de nada, de sacar pecho por lo hecho y enfrentarse a las consecuencias, sean cuales sean. Los años me han restado agallas, o quizá fueron los golpes. Lo cierto es que hoy me da la sensación de haber sido demasiado prudente. Es verdad que, gracias a eso, llevo una buena temporada sin tropezar. En realidad, llevo una buena temporada sin nada. Ni bueno, ni malo. Y, de ahí, el "demasiado". Supongo que vale la pena arriesgarse a dar un paso, aunque por cada cosa buena te lluevan de propina cuatro malas, por cada palabra agradable unas cuantas patadas. Quizá he guardado demasiado en estas páginas y he olvidado cómo sentirme vivo... Al parecer, demasiada cautela te robotiza. Por fin algo de lo que arrepentirme.

lunes, 29 de julio de 2013

Wounds

Cómo me gusta abrazarme a tus pedazos rotos y cortarme una y otra vez... Y, cuando me canso, vienes tú a abrazarme con tus cuchillos. Ya, en vez de sangre, gotean las horas perdidas curándome, cuidándome de no desearte muy alto, como si así fuera menos cierto, ni muy fuerte, para no terminar de destruirme.

jueves, 25 de julio de 2013

Desconcierto

Me desconcierta descubrir que, después de tanto tiempo conmigo mismo, no me conozco lo suficiente como para saber con certeza lo que quiero. O quizá me conozco tan bien y estoy tanto conmigo que se me ha contagiado mi propia cobardía y no me deja admitir que no tengo valor para reconocer lo que realmente quiero. A veces se me antoja hablarte y callo porque no sé conversar con palabras. Otras veces me ataca el miedo a dejar de echarte de menos, porque no estoy seguro de que pueda volver a extrañar. ¿Qué es lo que quiero? ¿Romperme contra tus paredes o quedarme mirando, fuera, expuesto? ¿O sólo decirte que no puedo ser nada, que noto desde hace tiempo que me falta un calor dentro? ¿Cómo intento explicarte que cada vez que trato de decir esto de mi boca sólo sale silencio? El mar te traga y no vienes ya a mis sueños, me aterra olvidar lo único que todavía siento.

martes, 16 de julio de 2013

Caminos

Me indicó que tomase asiento y habló: "No puedes seguir esperando por algo que nunca llegará. No puedes exigirte eso a ti mismo, no puedes imponerte una soledad programada. Hagas lo que hagas, estará mal hecho, por lo tanto haz lo que menos esfuerzo y dolor te suponga. No me esperes más, porque no te aseguro que algún día obtengas algo que te recompense. Ni siquiera algo que te consuele. Vive."

Me pagó el café y se marchó sin aguardar una respuesta, sin que pudiera decirle que no es una elección y que no me había convencido. Sin poder contarle cómo soy yo... Como si no hubiera destrozado mi mundo. Como si no hubiera pasado nunca nada.

lunes, 1 de julio de 2013

Grow!

Hoy soy como una planta creciendo debajo del asfalto. No puedo parar de subir, hay un techo contra el que no paro de chocar. Pero con tiempo y perseverancia acabaré agrietándolo y escapándome por las fisuras. Y tendré un mundo entero por descubrir, un mundo que empiezo a entrever, posibilidades sin límites. Porque todo, absolutamente todo, puede ser alterado. Todo el poder reside en mi mente, y comienzo a entenderlo. Me encanta.

jueves, 6 de junio de 2013

Trust your wings

Déjame acercarme, con todo lo que soy. Déjame enseñarte que la hierba húmeda es para tus pies, no para tus zapatos. Antes de que la última hoja caiga, te traeré el espíritu del río, te mostraré tu círculo de sombras y, a caballo entre el bien y el mal, abriré mi pecho, meteré las manos y te enseñaré mi corazón duro y sangrante, correoso y palpitante, lleno de mis miedos y mis anhelos. Alargaremos el día y veremos al cielo llorar, al sol ir y venir, a las nubes flotar. Dejaremos entrar a la noche para que recuerdes siempre ese momento. Aprenderás a reír sin vergüenza, a creer en la Magia. Te enseñaré que todo tiene un lado oscuro, podrás verlo y combatirlo. Querrás entender cómo una puerta abierta conecta dos mundos. Entonces, con una sonrisa apagada y hueca, dibujaré la hoja seca cayendo entre nosotros, cortando el tiempo y nuestro contacto y, desde muy lejos, veré desvanecerse el suelo, te dejaré caer y confiaré en tus alas.

J.

martes, 28 de mayo de 2013

IIII

Ya va siendo hora de añadirte a la lista de ilusiones que no me han llevado a nada. Pasarás a engrosar el recuento con todos esos sueños que nunca llegarán. Con esas pocas personas que alguna vez me hicieron pensar que se quedarían para siempre. Y te echaré de menos, pero es un trago obligado. Uno detrás de otro, hasta terminar borracho de malos ratos y putadas, con el hígado reventado desde dentro y la piel hecha jirones de revolcarme por el suelo.

viernes, 24 de mayo de 2013

Respira hondo y sigue adelante



Son días de despedidas, de mostrar fortaleza y combatir las debilidades. La vida no deja de enseñarnos a tomar decisiones duras, a acostumbrarnos al dolor, pero no es tan simple. Incluso cuando crees que ya lo has vivido todo, que nada te puede afectar, acabas dándote cuenta de que eres tan frágil y débil como el resto. También llegas a cansarte de hacerte el fuerte, de ser el tipo duro. Todos necesitamos un respiro, todos necesitamos una oportunidad. Todos buscamos lo mismo: conseguir lo que deseamos. Pero cada uno pone un precio. 

Hay cosas que no estoy dispuesto a permitir, hay otras que no puedo perdonar. Existen momentos que no puedo consentir que se prolonguen, palabras que se repiten en mi mente y me arrancan poco a poco la vida, ya sea porque son demasiado buenas como para haberse quedado en palabras, ya sea porque nunca se han pronunciado. Hay voces y gestos que echo demasiado de menos y nunca volverán. Recuerdos que estaría dispuesto a borrar por volver a vivirlos. 

Porque, a veces, lo que crees indestructible, no es más que una hoja de papel. Lo que crees que nunca faltará desaparece sin más. Y uno se cansa de querer olvidar y no poder, de querer cerrarse y no poder, de perder siempre. ¿Para qué me tiene que ocurrir nada bueno si acaba por irse al garete?

Pero yo soy un luchador, me guste o no. No puedo quedarme de brazos cruzados mientras lo que me importa se aleja o se resquebraja. Y delante de ti me haré el fuerte todas las veces que haga falta para que no pienses ni por un momento que voy a dejar que algo me destroce. Hasta que yo mismo me acabe convenciendo. Hay demasiados momentos que aún no han llegado y no voy a permitir que no lleguen. Hay demasiado que no pienso dejar marchar.

sábado, 18 de mayo de 2013

Me siento pequeño e insignificante cuando la vida me da una lección como esta, desmontándome tan rápida y eficazmente. Las manecillas del reloj se mueven como martillos contra mi cráneo. Sólo unos minutos bastan para cambiar lo que soy, lo que siento, lo que pienso y lo que voy a hacer, para alterar todo lo relativo a mí, toda mi estructura, como si fuera papel ante un tornado. Ante este poder entiendo que los problemas pierden su magnitud, y, como yo, se convierten en hormigas bajo el pie de la naturaleza, de la eterna purga del tiempo, del suceso aleatorio, del infinito ir y venir de almas. Y de pronto soy un saco de huesos y músculos esperando a que me sea arrebatado todo, incluso mi propio yo. Y dejo de ser distinto para estar hecho del mismo barro que los demás. Y dejo de ser invencible, y dejo de ser intocable.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Siempre llegamos al mismo final, no sé por qué me pregunto si te estarás cansando de todo esto. Ellos cuentan las horas muertas que paso observándote, cuidando el pasado y cada detalle, recorriendo las mismas estancias, escaleras arriba y abajo. Me explican que está todo perdido, que tengo el cerebro carcomido de tantos días aguardar. Creen que no soy lo suficientemente astuto como para darme cuenta de que ya no diferencio entre la realidad de lo que eres y la idea que quiero mantener sobre ti. Pero todo lo que dicen queda fuera de mí, todo es ruido. Todo lo que ocurre a mi alrededor es ruido, y sólo entiendo lo poco que me dices. Todos los lugares que piso son enormes ceniceros que lleno con lo que voy dejando morir. Todo lo que siento es que el mundo me lleva a empujones porque no tengo ganas de sentir más, porque no tengo otra voluntad que observar mis cicatrices, lo que me queda de ti. Y cerrar los bares, beberme el mundo para olvidar por unas horas que estoy en tus redes, que esto nunca acabará bien, que estás acabando conmigo sin darte ni cuenta. Me enclaustro en una cama a acordarme de que no existes. A sentirme loco y desquiciado, a trepar las sábanas insultándome porque no estás. Nunca has estado, pero todo está empapado de ti. Intento poner un punto final y sólo son puntos suspensivos, algo que... Nunca acaba. Y no hay mente que lo comprenda, ni nadie que me saque de aquí, ni nada para mí. Ni siquiera yo. Y aun así, me fascinas. Tanto que no puedo dejar de destruirme para ti.

viernes, 10 de mayo de 2013

Sin retorno

A veces hay que tomar decisiones duras desoyendo tus propios deseos. Es francamente difícil vivir el día a día cuando tienes la mente en otra parte, más difícil todavía luchar contra uno mismo, contra tus impulsos y necesidades. He probado finalmente la frialdad autoinflingida como terapia. He magnificado la razón, desprestigiando las emociones. He cortado lazos, tantos como he podido, con tantas personas como golpes recibí. Y aquí estoy, solo, fingiendo no estarlo, convenciéndome de que no añoro nada, repitiéndome que no necesito a nadie. Cada vez más pequeño, más inseguro, más cabreado y desolado. Preguntándome si fue mala suerte llegar hasta aquí o si realmente me equivoqué. Cuestionándome si acaso no debí luchar mucho más en lugar de confiar en un destino en el que nunca he creído. Ciego, sin salida. Sin retorno. ¿Cuándo encontraré la vida que me pertenece? ¿Seguiré siendo una máquina que come, trabaja y descansa? O sólo una pequeña parte de lo que un día fui, un estigma en tus recuerdos, un recuerdo que te hiere, una herida que mengua, mengua, mengua... Hasta no provocarte ningún daño. Hasta dejar de ser.

lunes, 22 de abril de 2013

Transiciones

Siento que, en cierto modo, hemos crecido juntos. Me sorprendo a mí mismo con mi forma de pensar. Los años me han hecho sabio y prudente, empático, calmado. Y en todo este tiempo no ha decaído ni un ápice del cariño que nos conecta. Sé que siempre te tendré un alto respeto, que siempre habrá un fuerte lazo atándonos. Que nunca podrá haber una despedida. Hubo momentos en los que creía que te necesitaba. Me despertaba, en medio de la noche, porque te aparecías en mis sueños. Ahora he aprendido a estar solo. Siempre solo, en un invierno largo y frío, con tu calor escapándose de entre mis dedos. Un calor difícil de encontrar. A cambio, he encontrado mi fuerza, sólo mía, para mantenerme a flote.

Pero todavía me sigo preguntando si te preguntas lo mismo que yo. ¿Hasta cuándo?

domingo, 7 de abril de 2013

Una palabra

Mi vida es una constante promesa para ti, una declaración de intenciones, un código ético ajustado a tu voluntad. Y a la mía. Una espera continua de tu aprobación, de que entres en el juego. Una lucha interna para no defraudarte nunca, en la que a veces me siento sumamente estúpido. Un sacrificio para demostrarte de lo que soy capaz por ti. Pero una palabra de vez en cuando me basta para saber que lo tienes todo en cuenta, que todo esto vale la pena. Que debo seguir. Aunque a veces no encuentre el sentido, mi propio yo me mantiene en el camino adecuado, subconscientemente.

miércoles, 3 de abril de 2013

Hay días y días

Acabo de descubrir el vacío de mi persona cuando no queda nadie ni nada que hacer. Y no hay nada que yo mismo pueda aportar para llenar ese hueco. Y no hay nadie que lo vaya a entender. Visto así, casi prefiero el estrés del día a día, a más horas interminables como estas.

lunes, 25 de marzo de 2013

Y la pregunta que me hago cada día al acostarme es por qué has tenido que aparecer tú, por qué ahora, y por qué de esta manera. ¿Dónde se ha metido la paz que necesito? Con mucho dolor, a ti, también, te digo adiós.
Me niego a que cuatro reacciones químicas en mi cerebro me desordenen las ideas. Yo NO te necesito.

domingo, 24 de marzo de 2013

Desmontándome

Es cuando no dejo que nadie me quiera o se haga un hueco en mi cabeza cuando me doy cuenta de que ya no quedan manos que me puedan salvar y que, en mi cabeza, ya sólo suenan mis propios gruñidos de animal apaleado, asustado, negándose a que le toquen. Ya no me permito tropezar con la misma piedra y el precio de esta moral pesa demasiado, demasiadas veces. El desprenderme de mi propia naturaleza e involucionar al ser prácticamente insensible que fui es una tarea ardua y de mal gusto. Y sobretodo, me molestan mis propios gruñidos preguntándome por qué sigo sintiendo, por qué sigo errando. Algo falla cuando el único miedo que me queda es seguir así indefinidamente.

martes, 12 de marzo de 2013

Puede que nunca


Me marcharé cuando la noche se dé cuenta de que puede abrazar al sol sin quemarse, hasta ahogarlo con su frío oscuro y matar su llama.
Me marcharé cuando pierda la guerra contra los demonios que viven en mi cuerpo y me prometen que caeré. 
Me marcharé cuando no logre encontrar ni una sola verdad entre todas las mentiras que se amontonan a mi alrededor. 
Me marcharé cuando ya nada pueda seducir a mi mente.
Me marcharé cuando puedas tocarme sin que corra por mis huesos un estímulo eléctrico.
Me marcharé cuando el rencor pueda conmigo y no consiga ver más allá. 

Pero mientras tanto, estaré aquí. Puede que para siempre.

lunes, 11 de marzo de 2013

Va de música


A veces me acuerdo de rescatar viejas joyas que logran expresar ciertas cosas mucho mejor de lo que un tipo como yo sería capaz.

domingo, 10 de marzo de 2013

Malviviendo

Resisto en este cuerpo donde malvive la alegría, colgada por los pulgares del palo mayor, azotada por el viento, pero recordando de vez en cuando que sigue viva, a pesar de las tormentas, el hambre o el dolor. Nada puede destruir la alegría que vive en un hombre que aprecia la vida simplemente por haber tenido la oportunidad de existir, aunque sea una alegría triste, vacía y vieja. Aunque a veces crea que por fin ha muerto, al sol, y acabe con sus pulgares rotos, la garganta regada por el ron que le llueve algunas noches, su media sonrisa y su boca torcida recordándome: "aún nadie me ha vencido".

jueves, 7 de marzo de 2013

Te veo

Y, entre las paredes pintadas con sangre y entrañas, me vuelvo a chocar contigo. Está demasiado oscuro, pero sé que eres tú. Percibo tu cuerpo sin rostro, sin voz. Me entregas tu llanto, me inyectas tu hedor hasta las venas, sin saber que soy, tal vez, el único que no te tiene miedo, el único que se pregunta quién te convirtió en esto. El único que recuerda quién fuiste.

martes, 5 de marzo de 2013

Insano por derecho


Estoy loco por ti, a mi manera. Esa manera de estar loco demasiado loca, vulgar, triste y autodestructiva que tanto odias. Esa forma de no pedirte que te quedes, sino dejar que tú decidas y enfadarme si te marchas. Y es un sinvivir, y es una putada, y cada día estoy más loco.  

domingo, 3 de marzo de 2013

Ruinas

Los viejos enemigos se transforman en entrañables aliados, los nuevos nombres se convierten en el mejor apoyo. Las caras conocidas olvidan que existimos. Las viejas amistades inquebrantables se desmoronan por el propio peso de infinitos conflictos y la mella del tiempo, ignorando todo lo que hemos llegado a dar, repudiando un millón de momentos, deshaciéndose de un sinfín de horas malgastadas en construir la confianza, olvidando que alguna vez los cimientos, blindados, soportaron una infinidad de golpes.

A veces me pregunto si de verdad vale la pena, si tan diferentes somos unos de otros... ¿Compensa esforzarse para entender algo? ¿Sentir un dolor ajeno? ¿Dejar que causen dolor los actos de aquellos a los que ni siquiera les importa? Todo empieza a flaquear y esta vez no me lo merezco.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Desgaste

Se llevó los pies helados que me rozaban bajo las sábanas, así como el cuerpo que abrazaba sin darme cuenta por las noches. Se llevó su acompasado respirar, su aliento cálido que caía sobre mis brazos, su sueño desnudo y silencioso.

Se marchó, llevándose el olor a café recién hecho de cada mañana, el desorden de mi cuarto de baño repleto de su aroma, las notas de su puño y letra escritas sobre la mesa. Dejando un vacío frío, que por más que intentara ocupar, jamás sería su piel, ni su voz, ni su esencia. Dejándome hueco, con un recuerdo imborrable y la vida rota.