miércoles, 25 de julio de 2012

Cada dos latidos

"¿Que qué me pasa? Que sólo puedo ser feliz si... "

Y tras esta frase no puedo continuar. Temo perder cuando intento ganar.

Pregúntame. Quizá termine de volverme loco y te responda. O tal vez no diga nada y te responda también.

Nunca tuve miedo de sentir, pero esta vez es diferente. Porque esta vez sí tengo algo que perder: lo más importante de mí.

Ojalá me perdones por sentir. Ojalá te perdone por no hacerlo. Y que nada de esto me pasara por la cabeza cuarenta veces por minuto, cada dos latidos.

Lejos y cerca, sí pero no. Descripción de mi vida.

martes, 24 de julio de 2012

Qué le debo al infierno...

Rescato esta entrada del baúl de los recuerdos, aunque eso vaya en contra de mis principios... Me siento así de nuevo.

Caricias que se llevan los minutos cuesta arriba sin rechistar. El peso de los sueños a granel disminuye con cada paso. Noches de dos, sin sábanas, sin nadie más, en el centro del gentío. Los pliegues de tu ropa que parecen no acabar. Los suspiros de tu boca, que quieren perderse en una hoguera de recuerdos rotos que a la fuerza he de quemar. Las ganas de nunca acabar.

La sombra que me acecha cada vez que me escapo de la realidad y te encuentro esperándome. El doloroso dudar, el angustioso sentir, el triste "después" y la amarga soledad, esperando en vano, sabiendo sin saberlo, que no volverás a errar. Que no te dejarás llevar... Leyendo en tus ojos un "hasta la vista" que siempre consigo esquivar. Deseando que sea un "ayúdame" o un "qué hacer..." . Rezando porque no te duela haberme conocido. Luchando por no caer entre las dulces garras de tu mirada que me atrapa. Por no romperme más en pedazos.


"Y sin embargo, cuando duermo sin ti, contigo sueño...".

Siempre me quedará...

Hora de cerrar la vieja herida que me acompaña desde hace tanto tiempo... Tantos años, que ya forma parte de mí, de mi manera de ser. Me desprendo de lo más importante que me ha pasado en la vida, de lo más valioso que poseo. Las marcas casi imborrables que dejaste en mí, que me atormentan para darme un motivo por el que vivir. Y esa esperanza, que sigue tan viva, debe morir por mis propias manos.

Coseré el surco que me dejaste y me aseguraré de dejar una cicatriz horrible para acordarme de que esa herida me cambió la vida. Para recordarme lo mucho que te necesito todavía y lo vanas que son todas las palabras que te dedico... Que sangré por ti, que cumplí aquella vieja promesa de jamás olvidar. Y que todo esto, a día de hoy, me venció definitivamente.

Por ti, si me quedara más sangre, seguiría sangrando. Si me quedara más de mí mismo te lo seguiría dando. Pero ya... Ya no soy nada. Ya no soy nada de lo que fui.

Y aunque sé que no podré olvidar lo que nunca he conseguido olvidar, tarde o temprano acabará conmigo y por fuerza mayor tendré que seguir adelante, trastabillando, de la peor de las maneras, de la forma más patética, alejándome por fin de ti.

lunes, 16 de julio de 2012

III

Los lazos que me atan a la rutina cada vez son más débiles y siento por fin las ganas de propiciar un gran cambio a mi vida, de dar "el golpe", de emocionarme. No puedo soportar el estado actual de las cosas... Si todo sigue tal cual está ahora apenas duraré unas semanas cuerdo o con alguna ilusión. Es innegable que siento una necesidad de darme un incentivo a mí mismo, de adueñarme de las riendas y adornar mi vida con algo nuevo y especial.

Antes de perder la cabeza necesito un plan para que cuando llegue ese momento sepa reaccionar, pero cada día estoy más rodeado de esta oscuridad, más metido en este agujero. La mano que me ha de sacar está en otro agujero sin esperar a que yo la rescate, sin querer ver que necesito una señal, una chispa de luz para alumbrar este hoyo, para ver, aunque sea a lo lejos, la salida.

Un instante de luz para no temer, una corta esperanza a la que aferrarme. Tu estrella en mi oscuridad, otra vez... Dame algo en lo que creer o quítamelo todo, pero no me dejes atrapado sin más...

viernes, 13 de julio de 2012

II

Lo cierto es que nunca acabo de entenderte. Es pesada esta losa, el castigo. El tiempo perdido, la sangre que gotea despacio entre los surcos de mi piel, debilitándome a cada instante... La sangre que no volverá a su lugar, la que no contengo ya.

Aunque tampoco tú me entiendas es una injusticia. El mundo no está hecho para esto. El destino en el que nunca he creído me ata a este ideal, no ahora, sino siempre. Hasta cada una de las veces que he tirado la toalla y he preferido huir del temporal. Siempre me ha encontrado y me ha traído a este punto. Y esta es la única vez que me he sentido con fuerzas de enfrentarme a todo, de joder al resto del mundo con tal de estar bien. Pero cada hora en esta situación es un año de penuria. Y ya son más de mil horas... Me agota. Me vence.

Una derrota más del destino omnipotente, que no se cansa de perder y me vuelve a arrastrar a lo imposible, para que volvamos a herirnos, para que termine de perder la cabeza. Y ya no puedo concebir vivir de otra manera que esperándote... Y ya no puedo concebir vivir esperando más. Ojalá todo el mundo viera las cosas tan fáciles como yo las veo ahora... Ojalá fuera evidente lo que hay que hacer. Tan evidente como lo siento.

I

Las noches más eternas se me hacen cortas. Si pudiera mirar a la cara a la oscuridad, encontraría tu estrella brillando, haciéndola desaparecer, dándole sentido a trasnochar, quitándoselo a toda mi vida.

A veces me observo desde fuera, como quien mira a una hormiga en sus quehaceres. Encuentro vana la existencia de esa manera, o quizá no la puedo comprender. Es el sentido que le quitas a mi vida, cuando pienso que, desde dentro, en mí mismo, lo que pueden observar los demás queda en segundo plano. La actividad que genera tu existencia en mi cerebro, mi corazón, mi sangre, activa mi ser; las noches en vela son el proceso en el que intento entender que ya te has marchado, que estas horas van a estar vacías de ti.

Una noche más en la que pierdo la noción de la realidad y olvido que no depende de mí. Que la realidad que vivo es la que tú me dejas vivir, que los sueños que tengo son los que tú me haces soñar, que tú me das la ilusión por la que sentarme a esperar, pero nadie nos otorga los medios para hacer que esos sueños sean realidad. Nada podría valer más la pena que esperar. Pero es entonces cuando las horas cortas, las noches vanas, se me hacen eternas, porque tú aún no estás... Aún no estás conmigo.

lunes, 9 de julio de 2012

El comienzo de lo nuevo

Se acabó ser valiente, por mucho que pueda perderme por no intentarlo, también puedo evitar la entropía y la destrucción de lo que ahora existe. Para mantener a raya al caos dentro y fuera de mí mismo, a partir de ahora esperaré.

Si das un paso, yo daré otro. Si tú eres valiente, lo seré. Si me necesitas, ofreceré lo mejor de mí. Pero no voy a volver a cometer errores que ya he cometido. No voy a volver a dar por dar... Porque si sigo haciéndolo me quedo en nada.

Necesito una señal de que mañana será mejor que hoy. Una cada día. Y si bien en mayor parte eso depende de mí, espero que la señal venga de ti... Si existes.