sábado, 30 de junio de 2012

Mi tic-tac

Escuchando alguna que otra canción que el pasado enterró, no puedo evitar hacerme algunas preguntas, las mismas que me hacía hace muchos años. Tampoco ahora sé responderlas, lo que me obliga a plantearme una nueva cuestión. ¿Realmente he dado un solo paso en mi vida? Todo cuanto logré, toda persona por la que luché, todo lo inmaterial que acumulé granito a granito durante tantos años, ha desaparecido. Me encuentro con menos todavía que al principio de mi camino, con la diferencia de que empecé con ganas y ahora tengo el alma cansada de construir castillos de naipes y que se derrumben tan cerca del cielo, una y otra vez.

Estos últimos días me han hecho ver que, por desgracia, soy más humano de lo que creía. Que no puedo huir del dolor. Y me he dado cuenta de que necesito algo, algo que supongo que siempre he necesitado pero que ahora se hace presente cada minuto. Como un enorme reloj de arena que hace caer mi sangre, gota a gota, dejándome cada vez más débil, poniéndomelo cada vez más dificil para lograr mi salvación.

Por todo lo que representa, por aquellas viejas canciones, por cómo duele esta espera. Por lo que sería capaz de hacer, condenarme sin pensar... Por todo ello me hace falta. Y por desgracia cada vez me siento más perdido. Más solo.

El vacío se propaga y la "droga", el antídoto, la adicción, huye de mí. A esperar, esperar y esperar, una derrota, otra vez más.

lunes, 25 de junio de 2012

Adicción

Últimamente me cuesta discernir los sueños de la realidad. La única diferencia es, siempre, el malestar que me persigue al despertar, cuando, tristemente, me doy cuenta de que he de dejar marchar todo por lo que he luchado durante unas escasas horas. Y es que cada vez prefiero más soñar, porque en ese mundo no me falta el valor ni la determinación, no me importa lanzar lo poco que puedo perder por la borda en pos de un pequeño cambio que realmente necesito.

Estoy cansado de no entenderme, de no saber lo que quiero o de no querer hacerme caso porque lo que quiero es inalcanzable. Me harto de pintar cuadros en los que no pinto nada, de escribir canciones que jamás hablarán de mí, de leer libros en los que no salgo,
 de no ser más que uno cualquiera para quien quiero ser más.

Es ya tan grande el vacío que se nutre de todo lo bueno que hay en mí, a un ritmo que me da verdadero miedo. Y me deja temblando cuando me doy cuenta del enorme arrepentimiento que siento por demasiadas cosas que nunca podré cambiar, de las cosas que quise hacer y no hice, de aquellos trenes que sólo pasan una vez y me tienen esperando en el andén desde que amanezco hasta que me vence la desilusión cada noche. Porque el mío ya pasó y hasta ahora jamás me di cuenta de lo trascendental que es esto, de lo cerca y lo lejos que tengo lo que anhelo, del valor que me falta, del pánico, de lo patéticamente débil
 y adicto que soy.

Me rompo el labio a mordiscos por callar sin tener nada que decir, pero deseando poder decirlo. Y lo único que podía empeorar esto ya ha llegado, acostarme y soñar que consigo lo que busco de la manera más sencilla del mundo, para perderlo después al despertar y darle un gran banquete al agujero que me llena el cuerpo.
  Y esta vez me ha tocado demasiado de cerca como para seguir fingiendo que no pasa nada. Soy adicto a todo lo que no debo serlo, y especialmente a quien no debo serlo. Necesito satisfacer la adicción, no controlarla ni superarla, demostrarme que soy capaz de caer en la tentación como un humano más.

Y es la primera vez que no sé ni qué hacer, ni cómo, ni por qué, ni dónde debería estar. Ni una pista ni nadie que me la pueda dar.


Empieza el reto más grande de mi vida y no me quiero defraudar otra vez.