lunes, 24 de diciembre de 2012

De fantasmas y otras bestias


Consigo mirarte más allá de los números desordenados que me han crecido ante los ojos, me tumba un papel llorando que grita tu nombre una noche más y, con las tripas fuera, todavía pienso si echar el ancla o seguir buscándote. Se han manchado de desgaste los cimientos que sujetaban mis piernas y ¿qué queda? Un triste pajarillo con el ala rota silbándote para que le recojas y pueda morirse a tu lado, en tu jaula con dos millones de cerraduras y ninguna llave, sin más sol que tus ojos, que hoy son invierno y gustan de llover. Si todavía pudiera pedirte algo, te pediría que jamás tuvieras en cuenta esta locura que me persigue y que jamás trataras de entender estas notas encriptadas que te llaman. Pero es tanta mi ansia por nadar en tu alma que consigo atravesar tus pétalos, tus espinas y mi mala estrella, para leer las notas que nunca escribes para mí, para entenderte y perdonarme.

Contigo, sólo así puedo despegar y, en cuanto cojo altura, me estrello contra el suelo del que no te mueves. Pero también a ti he conseguido perdonarte, porque, aunque se te haya olvidado soñar, aunque tus ojos sean de secano, me sobra. Me sobra todo, absolutamente todo, menos tu presencia. Me prometí que me desharía de los recovecos, de los valles entre las grandes montañas de mis decisiones, que sería una tela lisa y sin una sola arruga donde esconder una duda, dejar que crezca poco a poco la hierba que cubra los matojos muertos, asesinados por los cristales rotos del tintero que vacié en tu piel, pensando que no se borraría jamás. 

Pero aún, aún con todo, sigo siendo un potro que trota hacia la libertad cada vez que todas las estrellas se apagan sin decir si volverán. Aún seré ese perro que no suelta el hueso, aunque ya no quede nada de carne por rebañar. Porque así es como soy y no pienso cambiarme. Que trepe el musgo por mi cuerpo enfermándome hasta los pulmones…  Me sobra la vida si no estás.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Existes porque tiene que haber de todo


       El egoísmo es posiblemente la única lacra que me gustaría padecer. Sí, ojalá fuera tan rematadamente egoísta como tú, un desgraciado que sólo piensa en sí mismo, un infeliz feliz. Eso quiero. Quizá así pudiera entender por qué hay tanto desconsiderado en el mundo y no tuviera ganas de despellejarte y hacerte tragar tus globos oculares cada vez que abres la boca para hacernos saber que te importa una mierda la desgracia ajena mientras a ti no te salpique. No te confundas, me siento extremadamente afortunado de no parecerme en nada a ti, pero, sin embargo, tú tienes el poder y eso es lo que marca esta injusticia. Pierdo la fe sobre la existencia del karma, pero aún, muy dentro de mí, espero que algún día aparezca y nos ponga a cada uno donde merecemos, por nuestros actos y por nuestra moral. Y aunque, hoy, día del Fin del Mundo de esta década, sólo piense en verte sufrir, cuando me cruce contigo sólo te diré: “Hola, ¿qué tal?” con mi mejor sonrisa, para que sigas pensando que me controlas, para obligarme a perdonarte una vez más. Ese será mi puntito de egoísmo. Y tu seguirás siendo una puta maldición hasta que te mueras.

martes, 18 de diciembre de 2012

Rencor


Dame un motivo para no dejarte morir ahogada en la sangre de mis venas. Ódiame por querer irme, ódiame por olvidarte, porque nunca me odiarás tanto como yo te odio por odiarme y no admitirlo, por errar a sabiendas, por los riesgos sin estrenar. Por el miedo que tienes a ser feliz. Sonrisas de doble filo, pensar en olvidarte es volverte a recordar.
 
Es tortura este odio, el castigo por los riesgos que he corrido sin respuesta ni reproche. Autorrencor por haber fallado. Y ahora me exijo enmendar el fracaso con tu destierro de esta vida que siempre abrí para dejarte entrar, observar, tocar, conocer.
Es dolor caminar descalzo por el sendero interminable que lleva a tu puerta para volver después con las manos vacías, pisando el rastro que mi alma pinta en el suelo, escapándose por las heridas de los talones hacia riscos escarpados donde jugar a volar y ser libre.
Es dolor jugar a cazar tu sombra y nada más, sin saber de dónde sale.
Es dolor amar, odiar y volver a amar.
Es dolor sentirse hueco.
Es dolor.  

sábado, 15 de diciembre de 2012

Por última vez


Esta noche seré el gato agazapado entre las tejas de tu tejado por última vez. Tu gato negro de la mala suerte y la desdicha que temes mirar a los ojos. En lo más alto de tu mundo maullaré y me sentaré al lado de la Luna, a meterle mano para entrar en calor. Por última vez me colgaré del fin del mundo para huir de la lluvia afilada y treparé, clavando las uñas, por los muros que te guardan. Y por última vez te observaré en la oscuridad, mientras vienes y vas, mientras entres y salgas de nuestro hogar sin saber que me duele que te alejes. Te perdonaré por las seis vidas que me has quitado, para ser realmente libre. Cuando la amante Luna deje de regar con luz prestada mis sueños y mi regazo, te cantaré una serenata a ver si me gano algún zapato viejo que me recuerde a ti cuando me marche, por última vez, para nunca más volver.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Escarcha en los pulmones


Alzo la voz, no me tiemblan las manos. El pánico escénico es cosa del pasado, hoy miro al mundo sin recelo pero huraño. Cuánto bien y cuánto daño he absorbido… Ahora, antes de hablar, me siento, me miro y medito. He aprendido que la paciencia no es un don infinito y se desgasta, se erosiona como el rompeolas que es mi pecho golpeado por el mundo. Mientras tenga dedos, la sal escocerá entre ellos, me frotaré los ojos irritados y seré tan estúpido y orgulloso como para enfrentarme a las olas una y otra vez, aun cuando mis órganos sean heridas maltratadas por las aves carroñeras, aun cuando el mundo ya no sea mundo y mi cuerpo sean cuatro engranajes oxidados.  Porque mientras quede algo de mi alma, con vehículo o sin él, habitando mi piel, cualquier otra o ninguna, mientras yo exista, seré impaciente, seré imperfecto y nunca me conformaré con lo que el mundo me quiera ofrecer. Porque una vida no es suficiente. Envejezco tan rápido y los días son tan cortos que jamás, nunca podré llegar a tiempo a ningún sitio. Y esa es la auténtica putada, que la felicidad es tan escurridiza y minúscula como un grano de arena, y lejos de buscarla parezco eludirla constantemente, porque no me conformaría con eso. Pero sólo sería un drama si me importara. El día que termine de perderlo todo, sabré que ha sido culpa mía, porque no me ha importado lo suficiente como para mantenerlo o arriesgarme. Y el que diga lo contrario, se engaña para sentirse mejor, es pintar el vacío de otro color. La suerte, si existe, no cae al azar, se cultiva, y un buen comienzo es reconocer que puedes equivocarte y mejorar. Allá voy.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Flaco favor


Eres tan inalcanzable como pintar el aire. Tu repentina indiferencia te hace parecer vacía y en las cuencas donde miraba a tus ojos ahora abunda el polvo. Dejaste de existir en cuanto supiste lo que quería decirte sin que te lo dijera. Y ahora sólo queda tristeza, por ver cómo eres un cuerpo sin alma que no siente más que lástima o hastío por mí. Cómo has renunciado a todo por lo que yo derramaría hasta la última gota de sangre. Y es que cuando la duda llamó a tu puerta no la dejaste ni siquiera entrar a explicarse. Y puede que hicieras bien. Ojalá tuviera la misma capacidad para vaciarme que tú, en lugar de soportar el repiqueteo constante de la duda, preguntándome qué creo que debo hacer, en lugar del pesar porque simplemente no podría haber salido peor parado. Porque no hay mejor castigo ni peor regalo que tener que echarte de menos ya a regañadientes, habiendo renunciado.  Sí, renuncio a ti, en todos los aspectos posibles.

Quisiera ser el tipo que algún día fui, inaccesible, inalterable, implacable. Hueco. Racional. Hasta eso me has quitado.
Quisiera que tú dejaras de ser como ese tipo. Y si es por mí… Flaco favor.